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Vivienda, IPC, salarios y sindicatos |
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| Uno, dos, tres, cuatro, cinco,
seis, siete y ocho; ocho años de derecha que llevamos padeciendo los
trabajadores de este país en los cuales hemos visto claramente que lo que
venía vestido de piel de oveja realmente era un lobo. Un lobo para los
trabajadores, una oveja para el empresariado y para los especuladores.
Después de 26 años de existencia en este mundo, 24 de los cuales los he
pasado en este país, puedo afirmar que la subida de precios generalizada
después de haber tomado como moneda el euro, es la mayor que he conocido. Ha
subido todo, el precio de los transportes, el precio de la comida, el precio
de los bienes no perecederos, el precio de los carburantes y, especialmente,
el precio de las casas. Sí, ha subido todo menos los salarios. Los salarios lejos de subir han bajado, han bajado no solo por la cuantía de dinero que después de impuestos ve uno reflejado en su nómina, sino también porque ya uno no tiene la certeza de tener dichos ingresos a final de mes. Es decir, han conseguido hacernos vivir con el miedo constante de si tendremos dinero para pagar las deudas. Un miedo que nos debilita mucho, un miedo que nos obliga a aceptar trabajos que en otras condiciones no aceptaríamos pero que debido a que no queremos perder los bienes hipotecados, tenemos que aceptar. Un miedo que disipa nuestras ansias luchadoras, que ha anulado completamente la mayor arma que tenía el proletariado: la huelga. ¿Quién se atreve a hacer huelga cuando a uno le pueden echar sin razones del trabajo después de una jordana de huelga? Y esto lo digo con conocimiento de causa, servidor ha trabajado en una consultora informática que hacía contratos por obra. No hace falta decir que tal obra no existía, que la obra como tal nunca empezaría y nunca acabaría, uno se incorpora a una empresa con dicha modalidad de contrato sabiendo que cualquier día puede ser despedido sin razón alguna. Es decir, hemos conseguido ¡el despido libre! Uno, ante semejante panorama en el siglo pasado, solo podía imaginarse una respuesta contundente por parte de los sindicatos. Pero los sindicatos, al igual que los contratos o los precios, ya no son lo que eran. Ahora no dejan de ser algo así como empresas que se dedican a buscar dinero de donde pueden para mantener su propio “establishment” y que los que están arriba puedan pagarse su nóminas todos los meses. Bueno, por lo menos sabemos que algunos trabajadores viven bien (algo que siempre es agradable saber porque nos dan una meta al resto de trabajadores). Se podría ver a los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO) como se veía antes a los misioneros: gente que indica el verdadero camino a seguir para el trabajador; un camino que viene marcado por el lema del nuevo sindicalismo del siglo XXI: “venderos al capital que ya veis lo bien que nos va a nosotros”. Y es que nos encontramos ante unos sindicatos que han pactado con la derecha para las distintas reformas laborales que nos han llevado hasta esta situación. Unos sindicatos que han pactado con la derecha el reparto de poder de Caja Madrid, o unos sindicatos que han hecho uso de los antidisturbios cuando un comite de empresa como el de Sintel les pedía sus instalaciones para hacer reuniones. Es decir, los sindicalistas han pasado a ser los esbirros. Todavía recuerdo cuando sindicatos con las mismas siglas que los que ahora son esbirros (CCOO y UGT) hacían huelgas generales por todo tipo de causas ante un gobierno de “izquierdas” como era el del psoe. Parece bastante claro que si revisamos los números, hubo muchas más huelgas en época de gobiernos socialistas que en esta época de gobierno de derechas. Y uno se pregunta ¿es que los del psoe eran más de derechas que los del pp? El Psoe se puede quedar a la derecha de mucha gente de izquierdas, pero de lo que estoy seguro es que se también queda a la izquierda del Partido Popular. Pero para los sindicatos eso parece no tener importancia. Lo importante ahora es la pasta, y los sindicatos son los primeros en demostrarlo. Si no hay colaboración con el gobierno no hay pasta, así que se ponen manos a la obra para compincharse con el gobierno central. En 1996 el porcentaje de viviendas de protección oficial que se construían era del 30%, época en la que gobernaba el PSOE. Actualmente dicho porcentaje se ha reducido al 7%. Los sindicatos no dicen nada. El PP prometió que bajarían los precios al liberalizar el suelo de este país, decían que las leyes de mercado se aplicarían a la vivienda. Lo cierto es que nunca ha habido tanto suelo calificado como urbanizable en este país, nunca se han construido tantas casas como en estos años de gobierno popular y nunca ha subido tanto el precio como en este periodo. De manera que hemos tenido la suerte de comprobar que lo que nos cuentas de las bondades del mercado libre no son ciertas. El mercado libre no es la panacea de abundancia y lujos que se prometió desde que los liberales lo idearon para pasar a ser la clase dirigente del país. Antes del mercado libre estaban las monarquias y la gente con dinero no estaba dispuesta a subeditarse a la figura del rey sin más motivos que la divinidad que se le adjudicaba para tal puesto. Después de haber oido al presidente de mi gobierno decir que actualmente sólo existe una manera de pensar (el capitalismo) uno se pregunta qué soluciones se pueden dar a los problemas que tenemos. Quizás si consiguiesemos una subida salarial de manera que, en vez de gastarnos el 80% del sueldo en pagar la hipoteca o alquiler, nos gastasemos lo que se gasta un europeo medio (es decir, en torno al 40%) volviesemos a tener unas mínimas garantias de llevar una vida digna. Pero es que eso supone doblar el salario, y está claro que los empresarios no se van a dejar, lo cual es lícito porque ellos también tienen derecho a defender sus cosas. El problema es que como ya no existe fuerza sindical que apoye realmente a los trabajadores, la lucha nunca se dará. Si las cosas siguen como están, el trabajador no verá nunca más una lucha para la mejora de sus condiciones laborales. Y por supuesto el gobierno del PP nunca hará leyes que favorezcan a las clases medias o bajas. Ni tampoco ningún otro gobierno que luche por conquistar el centro. El centro es eso que todos vemos pero que nadie sabe lo que es, algo así como un ovni. Uno puede decir que ha visto un ovni, salir en la tele y ganarse un dinero contando su vivencia extraterrestre. Pero jamás podrá explicar como funciona, qué es lo que había dentro y hacía donde se dirigió después de haber sido avistado. Eso es el centro, es el espacio que usan los políticos de este país para hacer lo que les sale de las p... sin tener que discutirlo con el ideario de su partido. Después de todo, ya lo dijo jose mari “pensamiento único” que se podría traducir por hago lo que quiero y quien me lo discuta está al margen del sistema democratico y capitalista en el que vivimos. Y si estás al margen se te tacha de anticonstitucional. Pues los primeros anticonstitucionales son aquellos que, a través de su política, atacan directamente a los principios básicos de la constitución. Y algunos de esos principios son la vivienda digna y el empleo digno... ¿qué pasa ahora? Ahora son ellos los anticonstitucionalistas, los terroristas que vuelan por los aires los derechos constitucionales que tenemos todos. ¿De verdad quieren luchar contra el terrorismo? Les acuso de apología al terrorismo cada vez que dicen frases como la que dijo Alvarez Cascos “Si la vivienda está cara es porque los españoles compran y pueden permitírselo”. |
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